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Full text of "Recursos para la Escuela Sabatica (2do. Trimestre 2008)"

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II Trimestre de 2008 - "Jesús es maravilloso" 
Lección 3 

La realidad de su humanidad 

12 al 19 de Abril de 2008 

Resumen de la Lección de Escuela Sabática 



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"Y aquél Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros" (Juan 1:14). 



1. Conocer que Cristo asumió la condición humana en la integralidad trascendente de 
sus implicaciones, como garante eterno, por su compromiso salvífico, fiel y amante. 

2. Entender que solo en Cristo se fusionan misteriosamente las dos naturalezas divino- 
humanas, que vinculan el cielo y la tierra en interrelaciones trascendentales; y en be- 
neficio eterno de nuestra salvación. 

3. Aceptar la humanidad de Cristo como garante personal, viviendo su estilo de vida en 
una experiencia constante de plena certeza de fe y esperanza. 



La humanidad de Cristo es tan legítima como su divinidad. Pablo, como todos los apósto- 
les, deja clara su convicción evidente respecto a esto, cuando dice que no hay discusión 
alguna de ello: "Y sin contradicción, grande es el misterio de la piedad: Dios ha sido mani- 
festado en carne; ha sido justificado con el Espíritu; ha sido visto de los ángeles; ha sido 
predicado a los gentiles; ha sido creído en el mundo; ha sido recibido en gloria" (1 Timoteo 
3:1 6). Y que "Por la gracia de Dios, gustó la muerte por todos". (Hebreos 2:9). A fin de que 
por su muerte todos nosotros; no solo tengamos esperanza, sino la certeza confiada de la 
eterna salvación y en esa convicción un estilo de vida verdaderamente trascendente. 

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1. Un misterio de fe: ¿Por qué es tan incomprensible que Jesús sea Divino-humano? 
Pese a las pretensiones filosóficas e históricas de la identidad de Jesús que buscan 
competir comparativamente en su verdad, la fusión de la divinidad y la humanidad en 
Cristo, evidentemente expuesta en la Biblia, sigue siendo el "gran misterio de la pie- 
dad". Este es el vínculo eterno que, solo por la fe, se hace garante de nuestra reden- 
ción. "La humanidad del Hijo de Dios es todo para nosotros. Es la cadena áurea que 
une nuestra alma con Cristo y, mediante Cristo, con Dios. [...] Cristo fue un verdadero 
hombre. [...] Sin embargo, era Dios en la carne" {Mensajes selectos, tomol , p. 286). 

CQ Mateo 1:18-24; Lucas 1:26-35; Juan 1:1 -3, 14; ITimoteo 3:16; Gálatas 4:4; Filipen- 
ses 2:5-11. 

2. Una naturaleza de esperanza: ¿Por qué fue necesario que Cristo llegara a ser huma- 
no para ser nuestro Salvador? Los conflictos sociales, las torturas mentales, las crisis 
emocionales, son solo parte de lo que Cristo tuvo que padecer en su humana natura- 
leza. En su justicia. Dios quería probar que su ley solo era para nuestra felicidad; que 
en obediencia, nada era contrario a ella. Y siendo que por la desobediencia había en- 
trado el pecado y con él la muerte; asumió Él, en Cristo, tal condición para derrotar a la 



muerte y con ella a su causante, es a saber: a Satanás. Así, Cristo llegó a ser nuestro 
Salvador; y su naturaleza nuestra esperanza de fe. 
CQ Marcos 10:45; 1 Corintios 15:47; 2 Corintios 5:19; 1Juan4:1- 3; 5:1-5. 
Humilde benefactor: ¿Podemos imaginarnos un Salvador más misericordioso, un 
Sumo Sacerdote más comprensivo y compasivo que Cristo? "Cristo no tomó la natura- 
leza humana como un disfraz; la adoptó de veras. En realidad, poseyó una naturaleza 
humana", la misma que usó humildemente para beneficiar a la humanidad con sus 
atributos divinos. Al perdonar pecados, sanar enfermos, resucitar muertos, la miseri- 
cordia divina actuaba en amante compasión; desapareciendo a su paso, la tristeza y el 
dolor. IVIientras que en su naturaleza humana, se aferraba en oración a las promesas 
divinas para su dirección, en cumplimiento fiel de su misión. 
Oa Lucas 19:10; Hebreos 2:9,14-18; 4:14-16; 5:8, 9. 

Una identidad compartida: ¿De qué modo nos anima el saber que Jesús compartió 
nuestras limitaciones humanas? Con la naturaleza caída, con más de cuatro mil años 
de degeneración. Cristo comparte nuestras limitaciones, a fin de proveernos su victo- 
ria. Padeciendo en su naturaleza humana, las necesidades comunes, (hambre, sed, 
cansancio), tanto como las no comunes, hasta el dolor de la muerte y muerte de cruz. 
Obediente a los mandatos divinos, mantuvo su singular identidad de Hijo, como de 
Hermano mayor; en integra relación con el Padre, como con la humanidad. Fue tan 
misericordiosamente divino, tan comprensiblemente humano, su identidad compartida 
íntegramente, que aun en nuestros días sigue causando gran sorpresa; ¿Quién es es- 
te hombre? 

CQ Mateo8:24, 27; 21:18; Juan 4:5-7, 29; 11:33-35; 19:28; Gálatas 4:4. 
Una identidad trascendente: ¿Qué nos dice esto acerca del amor de Dios por la 
humanidad? "Porque de tal manera amo. Dios al mundo; que dio a su hijo unigénito, 
para que todo aquel que cree en Él, no se pierda mas tenga vida eterna" ¡Alabado y 
Glorificado sea Dios el Padre, en Jesucristo hombre! "Cristo ascendió al cielo llevando 
una humanidad santificada y sagrada. Llevó esa humanidad consigo a las cortes ce- 
lestiales, y a través de los siglos eternos la retendrá, como aquel que redimió a cada 
ser humano que está en la ciudad de Dios" (Comentario bíblico adventista, tomo 6, p. 
1.054). ¿Estaremos allí? 
ta Juan 3:16; Apocalipsis 20:6; Apocalipsis 22:3. 



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"Por su vida y su muerte. Cristo logró aun más que restaurar lo que el pecado había arrui- 
nado. Era el propósito de Satanás conseguir una eterna separación entre Dios y el hom- 
bre; pero en Cristo llegamos a estar más íntimamente unidos a Dios que si nunca hubié- 
semos pecado. Al tomar nuestra naturaleza, el Salvador se vinculó con la humanidad por 
un vínculo que nunca se ha de romper. A través de las edades eternas, queda ligado con 
nosotros. 'Porque de tal manera amó Dios al mundo' [...]. Lo dio no solo para que llevase 
nuestros pecados y muriese como sacrificio nuestro; lo dio a la especie caída. Para asegu- 
rarnos los beneficios de su inmutable consejo de paz. Dios dio a su Hijo unigénito para 
que llegase a ser miembro de la familia humana, y retuviese para siempre su naturaleza... 
Es 'el Hijo del Hombre' quien comparte el trono del universo" (£/ Deseado de todas las 
gentes, p. 17). Sin más palabras. 

© Cora Duma Escobar de Villareal